50 años de Anti-Edipo: máquinas, líneas de fuga y nuevos pensares.
- caracas crítica
- 8 abr 2022
- 6 Min. de lectura
Actualizado: 6 may 2022
Por: Giann Di Giuseppe

Gilles Deleuze y Félix Guattari publican, en el año 1972 y en los calores de mayo del 68, un libro que, posiblemente, sea uno de los más ambiciosos y, a su vez, uno de los menos considerados de la historia de la filosofía contemporánea. El Anti-Edipo constituye un nuevo modelo, el del esquizofrénico, para entender mejor las dinámicas del inconsciente que antes se entendía estructurado como lenguaje; los procesos de producción deseante, en donde la vieja distinción entre infraestructura y superestructura son superadas; los elementos de distribución social o socius maquínico que edipifican al hombre en su familia, escuela, cárcel, iglesia y vida. Todo este proceso constructivo encuentra su génesis en el subtítulo del libro: Capitalismo y Esquizofrenia; los procesos actuales del capitalismo mundial, como dirían Deleuze y Guattari, se concentran en descodificar el deseo y axiomatizar los procesos maquínicos. El Anti-Edipo es una respuesta, analítica y crítica, al capitalismo contemporáneo y a los sistemas de pensamiento que insisten en la preservación del mismo; el Edipo no solo es un complejo familiar, es una estructuración teatral que posibilita y hace funcionar a los sistemas de represión.
Luego de 50 años de su publicación el Anti-Edipo se presenta a un mundo totalmente distinto. Los procesos maquínicos y agenciamientos contemporáneos son muy diferentes a los de la escena francesa de los años setenta. La filosofía ha cambiado, el psicoanálisis también, lo cual deja tambaleando algunas de las propuestas agudamente críticas del libro. No obstante, esto no hace que, en ningún modo, el texto pierda su validez, ya que éste fue pensado no como un todo totalizador, sino como una máquina.

Ya en las primeras páginas del libro se aprecia lo siguiente de las máquinas:
En todas partes máquinas, y no metafóricamente: máquinas de máquinas, con sus acoplamientos, sus conexiones. Una máquina-órgano empalma con una máquina-fuente: una de ellas emite un flujo que la otra corta. El seno es una máquina que produce leche, y la boca, una máquina acoplada a aquélla. La boca del anoréxico vacila entre una máquina de comer, una máquina anal, una máquina de hablar, una máquina de respirar (crisis de asma). [...] Una máquina-órgano para una máquina energía, siempre flujos y cortes. (Deleuze & Guattari, 1972, p.11)
Flujos y cortes, las máquinas parciales se conectan a los flujos que van conectados a otras máquinas. Así, la máquina boca corta el flujo de leche de la máquina seno, como también la máquina legislativa hace un corte al flujo de delincuentes. Las máquinas, esto es, los procesos de cortes y flujos, no se agotan en lo material; en cambio, las máquinas concretas y las máquinas abstractas forman un todo que pasan desde lo enunciativo hasta lo material, de lo pensable hasta el cuerpo. Maquina seno con su flujo de leche, pero también máquina libro con su flujo de ideas. Esta concepción que intenta equiparar el cuerpo y el pensamiento no aparece en el libro como algo nuevo, sino que es algo que ya Spinoza había propuesto. Deleuze (1970) explica este dinamismo en el pensador holandés afirmando que “lo que es acción en el alma es también necesariamente acción en el cuerpo, y lo que es pasión en el cuerpo es también necesariamente pasión en el alma” (p.28) El paralelismo spinozista abre el camino para entender las ideas no como un algo abstracto sino como un cuerpo, que afecta al cuerpo. De esta forma, las máquinas se conectan, se desconectan, pasan del cuerpo al alma y viceversa.
Flujos y cortes, las máquinas parciales se conectan a los flujos que van conectados a otras máquinas.
El proceso maquínico y el paralelismo de Spinoza trabajan según los mismos principios. Las máquinas se acoplan a otras generando efectos que son resultado de la producción de esa aplicación o síntesis conectiva; la idea se conecta con otra como un cuerpo se encuentra con otro cuerpo, mezclándose y cambiando la constitución de este. Las máquinas, sean estas ideas o cuerpos físicos, actúan de la misma forma, sin primacía entre una u otra. La máquina-idea se transforma en un nuevo camino del pensar.
Cuando un cuerpo «se encuentra con» otro cuerpo distinto, o una idea con otra idea distinta, sucede o bien que las dos relaciones se componen formando un todo más poderoso, o bien que una de ellas descompone la otra y destruye la cohesión entre sus partes. (Deleuze, 1970, p.29)
La filosofía contemporánea, y específicamente en Venezuela, se ha inclinado a una reflexión hermenéutica de la realidad, tomando en cuenta el mundo como texto. De esta forma se le otorga al pensamiento la tarea de interpretar su mundo, tal como el dasein heideggeriano lo hace en su ser-en-el-mundo. A través del lenguaje la filosofía se queda reposando en su hogar que es la morada del ser, a saber, el propio pensar, el lenguaje. Pero esa casa-prisión que supone el lenguaje deja en claro que nada se escapa de él; el pensamiento se queda atrapado en sí mismo, generando imágenes representativas, metáforas y laberintos que formulan una única y posible forma de pensar. La hermenéutica, sin quitarle mérito, se convierte así en algo como el gran molino que suponía la dialéctica hegeliana, en donde no es posible salir de lo mismo. Además, la necesidad de la filosofía a leer y releer los mismos textos, las mismas interpretaciones (aunque se haga el intento de no cerrarse en nuevas lecturas de los textos) hacen de la tarea del pensar una suerte de mero espectador que se conforma con observar, interpretar, satisfacerse en su goce reflexivo y volver a empezar desde el principio; la filosofía ha devenido en poesía y nada más.

Sin embargo, las máquinas suponen un nuevo modelo: alejado de la reflexión hermenéutica-fenomenológica que se queda en el plano enunciativo creyendo que no existen procesos maquínicos de fondo, en donde la propia enunciación del texto a interpretar es producto a su vez complejos hilos abstractos que determinan un régimen de signos ya establecido, es decir, esa creencia que el texto es primero y último en el pensamiento; en contraparte, las máquinas posibilitan líneas de fuga, nuevos funcionamientos, entendimiento de los devenires y multiplicidades que escapan de la ilusión moderna donde el sentido es algo que hay que encontrar en vez de algo que se produce, y el sujeto no es autónomo sino producido como un resto. La filosofía entendida como conexión de máquinas y agenciamientos, en donde los cuerpos-ideas se unen y desunen constantemente, abren una nueva dinámica reflexiva.
Al entrar en este espacio liso, el viajero comprende mejor la ontología de Guattari que concibe la realidad como un entramado de flujos articulados por máquinas que van desde los procesos materiales primarios hasta las formaciones semióticas: máquinas naturales como la compuesta por una flor y un colibrí, un seno y una boca o máquinas abstractas como las obras literarias o artísticas. Esta concepción permite reconocer el carácter esencialmente dinámico de lo real, el puro devenir que lo constituye y, al mismo tiempo, fijarlo en modalidades que no constituyen esencias inmutables. (Del Bufalo, 2009, p.28)
El Anti-Edipo es el libro-máquina para las máquinas que somos, acoplándonos con aquello que nos hace funcionar mejor.
En vez de hablar desde el centro universal, las máquinas aparecen a partir de lo contingente y específico; el alejamiento de la pura identidad y el resultado dialéctico que subsume la diferencia como negatividad, para una concepción que posibilita entender que la diferencia es realmente positividad no dialéctica. Multiplicidades, devenires, líneas de fuga, nuevos campos de comprensión y acción, nuevos acoples de las máquinas, procesos de reterritorialización y creación de nuevos conceptos son las propuestas del mundo maquínico que el Anti-Edipo hace el trabajo de exponer; que el aparato inconsciente y las relaciones sociales trabajan como máquinas que producen deseo.
La apuesta que hace 50 años tomaron Deleuze y Guattari fue la de hacer un libro-máquina que explicase el funcionamiento de estas máquinas; la pregunta no era sobre la interpretación, sino que se trata de una tarea de exposición sobre el cómo funciona tal o cual máquina. “En todas partes máquinas, y no metafóricamente”. Lo que nos queda ahora es tomar de ese libro-máquina los conceptos que crea para nosotros mismos producir nuevas máquinas con sus acoples, nuevas relaciones corporales y espirituales, encontrar las líneas de fuga que se encuentran escondidas en la dictadura del signo o el pensar cerrado en sí mismo. En suma, tomar de ella las herramientas que necesitemos, no todas, para crear algo nuevo. El Anti-Edipo es el libro-máquina para las máquinas que somos, acoplándonos con aquello que nos hace funcionar mejor. “Lo bueno tiene lugar cuando un cuerpo compone directamente su relación con la nuestra y aumenta nuestra potencia con parte de la suya, o con toda entera” (Deleuze, 1970, p.33)
Referencias bibliográficas:
- Del Bufalo, E. (2009) Notas de Babilonia: Un viaje por espacios lisos y estriados. Bid & Co. editor.
- Deleuze, G. (1970) Spinoza: Filosofía Práctica. Tusquets.
- Deleuze, G., Guattari, F. (1972) El Anti-Edipo: Capitalismo y Esquizofrenia. Seix Barral

Giann Di Giuseppe (1999)
Graduando en Estudios Liberales en la Universidad Metropolitana (UNIMET).
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