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Breves apuntes sobre fantasmas y política

Por: Giann Di Giuseppe.




Goya, 1799, Capricho 43, El sueño de la razón produce monstruos

Es bien sabido que el objetivo general de las obras de Spinoza es liberar al hombre de las pasiones que le hacen padecer y no obrar. A partir de ello se debe exponer, mediante un proceso geométrico que empiece desde lo metafísico hasta la existencia del modo individual, una serie de tesis fundamentales que son parte del conocimiento general. Por ejemplo, es sabida la primera gran tesis de Spinoza: Una sola sustancia para todos los atributos y modos, Deus sive Natura. Lo que resulta sorprendente es que el Dios de Spinoza no es el Dios cristiano, y gran parte del Tratado Teológico-Político se encarga de hacer ver que los humanos crean fantasmas a los cuales, por lo general, se les llama Dios. Esta propuesta tan fuerte resulta retadora a los estándares del pensamiento filosófico contemporáneo, sobre todo en la época actual, donde las personas siguen luchando guerras “ideológicas” y buscando a un padre dentro de la figura del líder, cuando realmente no hay ideología y Edipo ha muerto.


Lo fascinante es que, a pesar del fuerte contenido metafísico y una gran crítica a la superstición, las tesis de Spinoza –junto a una pequeña nota al pie de página de Nietzsche–, pueden ayudarnos a entender mejor lo que ocurre en lo fáctico de nuestra contemporaneidad.


Tomado del prefacio del Tratado Teológico-Político se puede leer que los hombres “quieren hacer de la naturaleza entera cómplice de su delirio, y fecundos en ridículas ficciones, la interpretan de mil modos maravillosos” (Spinoza, 1670, p. 288). Los humanos que, al no entender correctamente las causas que los determinan, se crean fantasmas para explicar lo que les ocurre. “La superstición no entra en el corazón de los hombres sino con el miedo, y que todos estos objetos de falsa adoración no son sino fantasmas, hijos de un alma tímida que la tristeza arroja al delirio” (Spinoza, 1670, p. 289). Ahora toca el pie de página de Nietzsche.


Lo que resulta sorprendente es que el Dios de Spinoza no es el Dios cristiano, y gran parte del Tratado Teológico-Político se encarga de hacer ver que los humanos crean fantasmas a los cuales, por lo general, se les llama Dios.

Muy cercano a las ideas de Spinoza, el filósofo alemán no desaprovecha la oportunidad de luchar fuertemente contra los fantasmas de la razón. No obstante, estos fantasmas no son los errores que la razón comete al equivocarse, sino que la propia razón es aquella que crea a los fantasmas. Una de las pinturas de Goya muestra bien que los mecanismos de la razón trabajan para crear monstruos, ya que “el sueño de la razón” no consiste en que, mientras está dormida, se creen espectros que la acechan, sino que es su sueño, es decir, su deseo, lo que hace que la razón engendre constantemente monstruos en un estado de completa lucidez.


De los monstruos más grandes que ha hecho la razón es la idea de su soberanía frente a la realidad, y crear, a partir de ese deseo, modelos y métodos que intentan ya no aprehender sino dominar la naturaleza. Así, Nietzsche escribe en su cuaderno que “hemos proyectado nuestras condiciones de conservación como predicados del ser en general, que para prosperar tenemos que ser estables en nuestra creencia, esto lo hemos transformado en que el mundo verdadero no es cambiante y en devenir sino un mundo que es” (Nietzsche, 2008, p. 243).


Al seguir con esta idea, la naturaleza entera, es decir, aquello que conocemos como real y, en la mayoría de los casos, fijo, inmutable y normativo, es realmente una proyección del hombre sobre aquello que le rodea. Por miedo empezamos a fantasear, la razón empieza a maquinar fantasmas, finalmente llegamos a la creación de un mundo que es. Como consecuencia, se ha impuesto sobre todo una ley fija, autoridad sobrehumana, esto es, la naturaleza, que intenta determinar todo en cuanto se manifieste. Sin embargo, ya hace tiempo que la naturaleza viene luchando contra otras fuerzas fantasmagóricas que quieren hacerse con el poder de la ley. “Otra autoridad que sepa hablar incondicionalmente, que pueda ordenar metas y tareas. La autoridad de la conciencia [...] la autoridad de la razón. O el instinto social. O la historia” (Nietzsche, 2008, p. 244). A esta lista faltan nombres, muy sonados en la contemporaneidad, tales como la nación, la familia, el Estado, el mercado, el individuo.



Spinoza pintado por Francis Bacon, imagen generada por la inteligencia artificial Dall-E

Nos encontramos en un punto donde, partiendo de la creación de fantasmas, hemos llegado a una autoridad fantasmal que rige la ley. Ahora bien, este proceso macabro de la razón, por más que intente asegurar el dominio de la realidad bajo una fuerza de lo que ésta quiere representar, a saber, la identidad de todo en cuanto aparece, la realidad es que, en su lucha por ser libre del miedo, termina preso de sus fantasmas. De allí que Spinoza afirma que los hombres “creen combatir por su salvación cuando combaten por su servidumbre” (Spinoza, 1670, p. 290). Es este, realmente, el problema principal de la filosofía política contemporánea. ¿Por qué luchamos por una nación, por una identidad establecida, por un sistema económico como si fuese nuestra libertad, cuando lo que hacemos es combatir por la servidumbre de lo idéntico, de lo racional, de lo histórico, de lo mismo?


Ya Deleuze y Guattari aseguraban que lo único que queremos es un paraguas para cubrirnos del caos que supone el mundo. Al mismo tiempo, cuando se incurre en el pensamiento para buscar la manera en hacer desaparecer el miedo, los fantasmas aparecen y el paraguas se convierte en una máquina delirante que, de muy mala manera, arroja al humano a crear espectros que, muy contrario a la liberación del hombre sobre el caos, lo reprime. La inmanencia del mundo, su devenir constante, es apresada por o en nombre de la libertad y, con violencia, todo es subsumido; el otro es, por fuerza desquiciada, el yo, a manera inversa de lo que Rimbaud ya había escrito. Se crean agenciamientos donde al modo individual se le hace padecer con pasiones tristes, dando vueltas alrededor de un fantasma.


Referencias


- Nietzsche, F. (2008) Fragmentos Póstumos (1885-1889). Editorial Tecnos

- Spinoza, B. (1670) Tratado Teológico-Político. Editorial Gredos

 


Giann Di Giuseppe


Licenciado en Estudios Liberales en la Universidad Metropolitana (UNIMET).

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