Concepción filosófica y metapolítica sobre el poder
- caracas crítica
- 12 ene 2024
- 5 Min. de lectura
El poder, ámbito autónomo e independiente, es una de las ideas más profundas e intuitivas aprehendidas por la filosofía y la metapolítica. Su esencialidad cobra sentido al entender que el fondo de su importancia reside en lo relativo a la vida y la muerte.
Por: Edson Cáceres Zambrano
La esencia y expresión puras, en sí, del poder, son un ámbito investigativo que pertenece al dominio de la filosofía y la metapolítica, en cuanto a que son saberes que se ejercitan en los «principios» de todas las cosas.
Un filósofo típicamente identificado con las averiguaciones sobre el poder es Baruch Spinoza. Para él, la potencia es al mismo tiempo atómica y holística, es decir, estructural, atendiendo a su axioma: «en la naturaleza no se da ninguna cosa singular sin que se dé otra más potente y más fuerte. Dada una cosa cualquiera, se da otra más potente por la que aquélla puede ser destruida» (E4Axioma).
La expresión individual de un ser implica una insistencia en ese ser, un «seguir siendo». Lo que es tiende a ser, a perseverar en su existir. Esto es lo que se conoce como conatus: «cada cosa se esfuerza, cuanto está a su alcance, por perseverar en su ser» (E3P6).
Del conato o esfuerzo se sigue que los seres son afirmativos y contra-afirmativos, existen como perseverancia de sí mismos y frente a otros. Como ya vimos en el anterior axioma, se pueden padecer los efectos de seres más potentes y por tanto, se puede dejar de existir por tales.
La negación de los seres por parte de otros seres con mayor potencia, puede darse en términos represivos o supresivos: disminución parcial de potencia o aniquilamiento de la misma, su supresión total. El poder, por consiguiente, es la posibilidad de aplicación de herramientas para herir y matar.
La naturaleza del poder, más allá de lo político, es una magnitud objetiva, mediante la sofisticación de las herramientas de potencia (herramientas de muerte), haciendo que la relación entre dominantes-dominados adopte una configuración que los enajena.
Spinoza, siguiendo a Hobbes, concuerda en que el conato o derecho natural, debe ser trasladado a una suerte de supra-estructura, bajo la idea Individuo Compuesto, llamado Estado o Leviathan. Este supra-ser se reservará la potestad del mérito y del castigo, es decir, la protección, de los individuos que cedan su conato al mismo.
«Ya el Estado moderno europeo, minuciosamente organizado, de los siglos XVI y XVII, era un producto técnico de artesanía, un super-hombre creado por hombres, compuesto de hombres, que se enfrentaban con un super-poder, desde la imagen del Leviatán como el hombre grande, el μακρος ανθροπος, al hombre pequeño que lo producía, el individuo particular, el μικρος ανθροπος (Schmitt, 1954, p. 18).
El derecho del Estado, como machina machinarum, es la aplicación de las herramientas de la muerte. Su derecho es sobre la vida y la muerte. Siendo ésta, precisamente, la configuración esencial del Estado:
«El Estado establece una unidad territorial compacta. El pensamiento jurídico de la soberanía estatal representa el primer paso en el camino ulterior que en los siglos siguientes conduciría al Estado como unidad espacialmente cerrada, deslindada con precisión matemática de otros Estados, centralizada y fuertemente racionalizada. Los medios organizativos específicos del poder estatal uniforme son, como es sabido, el ejército, la Hacienda pública y la policía del Estado» (Schmitt, 1998, p. 73).
De esta forma, nace el fondo conceptual, intuitivo, sobre el propio concepto de lo político: la distinción amigo-enemigo. Enemigo de la unidad política estatal es aquel que se aplica a reducir (represiva o supresivamente) el propio derecho del Estado, es decir, su conato, y el de todos los individuos que caen bajo la protección de éste supra-ser. El Estado, de esta forma, inaugura la posibilidad de la racionalización de la muerte y de la guerra (guerra interestatal).
«Desde el punto de vista del hombre no queda más explicación para el poder que la relación entre protección y obediencia. Quien no tiene el poder de proteger a alguien no tiene tampoco derecho a exigirle obediencia. Y a la inversa: quien busca y acepta protección no tiene derecho a negar la obediencia» (Schmitt, 1954, p. 6).
El sujeto de lo político, en la época de la estatalidad, es el propio Estado, por tanto, su único enemigo solamente puede ser otro Estado. Cuando ésta enemistad trasciende los medios persuasivos, aparecen los medios de la fuerza, es decir, la guerra.
«En tierra firme, el Estado viene a ser el único sujeto normal del derecho de gentes y, consecuentemente, el único protagonista del ordenamiento, del progreso y de la humanización. La guerra terrestre es juridificada, especialmente por el hecho de que se convierte en guerra entre Estados, es decir, en conflicto armado entre los ejércitos estatales de los beligerantes» (Schmitt, 1998, pp. 77-78).
Empero, podría considerarse que el Leviathan tiende a privar de potencia a los individuos que caen bajo su protección, que las herramientas estatales son usadas en perjuicio de los ciudadanos de ese Estado. Es acá donde se hace pertinente el examen metapolítico.
La naturaleza del poder, más allá de lo político, es una magnitud objetiva, mediante la sofisticación de las herramientas de potencia (herramientas de muerte), haciendo que la relación entre dominantes-dominados adopte una configuración que los enajena.
«El poder de los modernos medios de aniquilamiento excede a la fuerza de los individuos humanos que los inventan y los aplican, en la misma proporción que las posibilidades de las máquinas y procedimientos modernos exceden a la fuerza de los músculos y cerebros humanos. […] El poder del poderoso individual no es aquí más que el exudado de una situación que resulta de un sistema de una incalculablemente excesiva división del trabajo. […] Aún mucho más que la técnica, a los hombres se les ha escapado de las manos el poder, y los hombres que ejercen poder sobre otros con ayuda de tales medios técnicos, ya no son dueños de sí mismos, igual que aquellos que están expuestos a su poder» (Schmitt, 1954, pp.17-18).
El concepto del conato-poder, del que participa el Estado, en tanto cesión del derecho de los individuos a un supra-derecho, hace de éste un ser autónomo e independiente, por más de que se componga de hombres y sea activado por hombres: «no es ya el hombre como hombre, sino una reacción en cadena desencadenada por él la que lo produce todo» (Schmitt, 1954, p. 17). El poder, como realidad ontológica, supera la propia esencia del hombre, y de sus posibles asociaciones y consensos, estando más allá de lo bueno y lo malo (lo ético-moral), y de las regulaciones interhumanas (lo jurídico). Todo lo cual hace pertinente las críticas e investigaciones sobre el poder político, no reducible al gobierno ni a órganos ejecutivos. Es una estructura que necesita, por lo mínimo, una distancia conferida por la prudencia.
Bibliografía
Schmitt, C. (1954). Coloquio sobre el poder y sobre el acceso al poderoso. Revista de estudios políticos(78), 3-20.
Schmitt, C. (1998). El Estado como concepto concreto vinculado a una época histórica. Veintiuno: revista de pensamiento y cultura(39), 67-82.
Spinoza, B. (2009). Ética demostrada según el orden geométrico. Madrid: Tecnos.

Edson Aldair Cáceres Zambrano
Estudiante de Educación mención matemáticas de la Universidad de Carabobo.
Comments