Por: Gabriela Imelda Zambrano

“(…) el amor es la meta última y más alta a la que el hombre puede aspirar” (Frankl, 2006, p. 37)
Desde muy temprana edad, Viktor Frankl (1905-1997) -psiquiatra de profesión- se preguntó acerca del sentido que esta vida tiene en cada uno de nosotros, además de intentar entender quién es realmente la persona; por lo que, a través del relato y análisis psiquiátrico de aquello que experimentó durante los años que fue prisionero en un centro de concentración durante el gobierno totalitario Nazi, el creador de la “Logoterapia”, logró recrear una filosofía en la que la persona es comprendida como “(…) una unidad y totalidad, pero es tal en sus tres dimensiones: física, psíquica y espiritual” (Domínguez, 2018, p. 563).
Es en esta interconexión (con la “superioridad” de la espiritualidad, ya que es considerada como la esfera que hace del humano lo que es), donde se considera a la persona como el ser individual y de unidad inescindible, poseedor de la mayor dignidad y más alto valor (parafraseado de Domínguez, 2018, pp. 550-551).
Con el fin de entender de dónde proviene esta deducción, en primer lugar, se debe comprender la teoría de las tres esferas que forman el concepto de totalidad y unidad de la persona humana, ya que esta “(…) es una tricotomía formada por el cuerpo, el alma y la mente” (Delgado, 2013, p. 30). (1) La “Esfera Somática” hace referencia a todo lo relacionado con el cuerpo y sus funciones orgánicas básicas, que hacen posibles otras condiciones, como son las relaciones sentimentales, el desarrollo de la inteligencia, “(…) los sentimientos, las emociones, los valores y todo aquello que la sociedad demanda para la convivencia” (Delgado 2013, p. 32) y también, que le sirven al hombre para expresar todo lo que posee dentro.
Luego, (2) se presenta la mente, el alma o la llamada “Esfera Psíquica”; esta está conformada tanto por la mente como por los sentidos y, en consecuencia, “(…) abarca todo un macro proceso que se da en los hombres, por el cual, logra entender, comprender, aprender, percibir, imaginar, razonar, crear, memorizar, pensar y concluir” (Delgado, 2013, pp.35-36). Finalmente, se hace referencia a la (3) “Esfera Espiritual” o el ámbito inconmensurable de lo trascendental, del conocimiento interno y del poder de la razón (parafraseado de Álvarez en Delgado, 2013, p. 36); que, además, es el factor fundamental para la integración de las esferas anteriormente mencionadas.
De esta manera, la persona puede comprenderse como una unidad en la que, las esferas somática, psíquica y espiritual se complementan entre sí para hacer del hombre lo que es. A pesar de ello, Frankl reconoce aún más “importancia” a la última esfera, ya que es el fundamento que sintetiza o impulsa la verdadera búsqueda del sentido, y por lo tanto, de la auto-reflexión y auto-capacitación para vivir.
Así, Viktor Frankl menciona (s.f):
¿No es cierto que el hombre aspira propia y radicalmente a ser feliz? ¿No lo reconoció ya el propio Kant, añadiendo únicamente que el hombre debe aspirar también a hacerse digno de la felicidad? Yo diría que lo que el ser humano quiere realmente no es la felicidad en sí, sino un fundamento para ser feliz. (p. 4).
Esta frase posee relación con el tema de la dignidad ya que menciona tres factores básicos para entender el porqué de su pensamiento: (1) la dignidad, (2) el fundamento de felicidad y (3) la búsqueda del sentido en la vida de cada una de las personas existentes.
“(…) Nadie puede vivir, ni querer, ni sentir, ni morir por uno mismo” (Domínguez, 2010, p. 552)
Para dar inicio al tema de la dignidad, esta es comprendida por Ayora (2012) como el valor que la persona posee y reconoce en sí, ya que esta es valiosa por sí misma “(…) por el solo hecho de ser, de existir como ser humano en su dimensión personal y social” (p. 243). Esta definición puede ser vista como un primer acercamiento a aquello transmitido por Viktor Frankl. Aun así, no es suficiente para entender propiamente el concepto que desarrolló en torno al tema correspondiente, ya que es necesario enfocar la atención en el deseo de sentido.
A este respecto, se debe mencionar que la persona es totalidad, por lo que no se puede dividir y/o agregar; esta circunstancia quiere decir que la persona “(…) nunca puede ser una pieza de una nación, un grupo, un partido. La totalidad más digna es la propia persona” (Domínguez, 2018, p. 552). Es decir, la dignidad de la persona proviene de su característica individualizadora, incomunicable e insustituible en sí, para sí y para con el mundo que le rodea, siempre y cuando esté al servicio del encuentro con el otro.
En este sentido, Frankl (s.f) en su obra “El Hombre Doliente”, menciona que:
El hombre está siempre orientado y ordenado a algo que no es él mismo; ya sea un sentido que ha de cumplir ya sea otro ser humano con el que se encuentra. En una u otra forma, el hecho de ser hombre apunta siempre más allá de uno mismo, y esta trascendencia constituye la esencia de la existencia humana (p.4)
Como se puede conservar, Frankl le concede un importante espacio al encuentro con el otro, ya que, afirma, allí es donde se puede “afirmar” la existencia de la persona; aun así, establece que “(…) sólo hay auténtico encuentro desde el ‘logos’, es decir, desde la posibilidad y en el amor” (Domínguez, 2018, p. 553). Pese a ello, es en la autotrascendencia que es posible la apertura y el encuentro para con el mundo, para con el otro. Victor Frankl aún menciona su preocupación con respecto a los individuos que, voluntariamente “se disuelven” en grupos o asociaciones que apuntan a la pérdida de la humanidad misma.
En este sentido, la dignidad de la persona puede ser observada y analizada, debido a que el ser humano es “(…) completa novedad, capacidad continua de autonomía y autocreación, de libertad y responsabilidad” (Domínguez, 2018, p. 556), por lo que ser tratado como un objeto, una cosa, significa un quiebre en la misma concepción de la persona humana.
Aquel que se atreve a despreciar al otro cae, necesariamente, en una circunstancia casi antinatural.
Al respecto, Frankl regresa a aquello que dice Kant cuando menciona que la persona es, en realidad, un fin y no un medio. La persona es, así, capaz de construir su realidad personal (presente y futura), a pesar de aquello que la limita. De esta manera, Frankl observa y resalta la inminente libertad que posee, no del deseo de poder o del placer, pero del deseo de sentido como tal (parafraseado de Frankl, s.f, p. 4); tal como menciona Domínguez, (2010) “(…) Nadie puede vivir, ni querer, ni sentir, ni morir por uno mismo” (p. 552)
Asimismo, se considera que cuando un ser humano es disminuido al trato y concepto de cosa, existen consecuencias bilaterales, ya que no sólo se afecta a quien le es negado su propia esencia, su propia existencia: aquel que se atreve a despreciar al otro cae, necesariamente, en una circunstancia casi antinatural. En el momento que infliges tu voluntad sobre la del otro en un acto de poder, dominación y pertenencia (de lo que es, en cierta forma, incomunicable en el ser humano), la vida se vuelve muerte: al final, se trastorna la facultad de ser hombre (aun sin perder la condición en su totalidad). Y a pesar de esto, la persona continúa poseyendo su cuerpo, su sentido, su finalidad y su proyecto de vida, ya que esta es, fundamentalmente, espíritu.
Pero al pensar y actuar con amor, fe y esperanza que el hombre logra “alcanzar” el control de sí mismo, de aquello que puede ocurrir y, finalmente, el sentido que la vida posee. Este hecho sucede gracias a que la persona es un ser “en potencia” y posee la capacidad de ir más allá de aquello que le infringe dolor y sufrimiento. Además, es capaz de proyectarse en un futuro, de encontrar y establecer un objetivo claro y conciso, para de esta manera, aferrarse a su esperanza y, en cierto sentido, su libertad voluntaria (valga la redundancia) de continuar viviendo. Tal como menciona: “(…) el amor es la meta última y más alta a la que el hombre puede aspirar” [traducción propia] (Frankl, 2006, p. 37)

Entonces, ¿qué significa “ser digno”? ¿Qué incidencia tiene este hecho en nuestras vidas? El ser humano (tal como fue mencionado anteriormente) en potencialidad, posee la capacidad de vivir, disfrutar y buscar la felicidad, a pesar del mundo y la realidad en la que se encuentra. Al ser un ser indivisible, singular y novedoso, se incorpora en la sociedad, para de esta manera encontrar su sentido, su propósito y objetivo, siempre y cuando distinga en sí mismo y en el otro aquella dignidad intrínseca que reconoce el valor de su vida y, de cierta forma, su papel o rol en la comunidad en la que se encuentra.
Viktor Frankl es un ejemplo excepcional que demuestra la indefinida voluntad y el esfuerzo para continuar en vida, porque, en cierto modo continúas poseyéndote a ti mismo (en materia física, psíquica y por sobre todo, espiritual), y nadie, no importa la circunstancia, puede arrebatarte este hecho.
Referencias Bibliográficas:
Ayora, X. (2012). Sobre la Dignidad Humana.
Delgado, A. (2013). La idea de amor y fe como salvación, según Viktor Frankl.
Domínguez, X. (2018). La persona según Viktor E. Frankl. En R. Acosta (Coord). Visiones del Ser Humano como Persona (pp. 547- 596).
Frankl, V. (2006). Man’s Search for Meaning. Boston, Estados Unidos: BEACON PRESS.
Gabriela Imelda Zambrano (1998)

Licenciada en Estudios Liberales en la Universidad Metropolitana (UNIMET).
Comments