EL IDEAL NEOYORQUINO: UN ARTIFICIO DE DESATENCIÓN
- caracas crítica
- 8 oct 2023
- 11 Min. de lectura
Por: Juan Ernesto Bonadies

En un cortometraje publicado por el animador británico Steve Cutts, titulado Happiness, se exhibe, al son de La Habanera de George Bizet, a una sociedad de ratones cuyo estilo de vida evoca la alienación sufrida por la sociedad de consumo. Los anuncios y carteles únicamente contienen la palabra «happiness» junto a bienes materiales que tienen el poder de llenar momentáneamente la imposición, casi totalitaria, de estar y ser felices en todo momento.
Automóviles, alcohol, televisores, teléfonos, comida, ropa y zapatos son algunos de los motores que incentivan la vida cotidiana de estos ratones, bajo la ilusión de haber alcanzado la plenitud, pero con una desconexión total de la realidad tangible que los rodea. Por todos lados hay pantallas. Las de los teléfonos móviles, por una parte, siempre en mano o en el bolsillo; por otra parte, están las pantallas que inundan el entorno urbano en el que los acelerados ratoncitos transitan. Cada una cambia de publicidad de forma casi estroboscópica.
Frente a esa hegemonía de pantallas omnipresentes y cambiantes que merman la capacidad de atención, un detalle de ambiente, parcialmente apartado de todo el mensaje y hechos primarios del cortometraje, tiene gran importancia: no hay vida natural. Evoca, sin duda, la imagen de Times Square o del centro de Tokio, pero desde una mirada de recargada desolación.
Cutts plantea una férrea crítica a la sociedad contemporánea, cuya servidumbre a la tecnología y al consumo la ha deshumanizado. A pesar de que el cortometraje se ponga en escena a modo de hipérbole, exagerando así la realidad circundante, es un punto de partida para repensar el hoy en la búsqueda de un equilibrio sostenible. Con ello en mente podemos reflexionar sobre Caracas y su configuración urbana.

Pretender ser Nueva York en socialismo
Parte del éxito de Estados Unidos respecto al resto del mundo viene dado por la efectividad del posicionamiento de su ideal en el imaginario colectivo internacional. La supremacía e influencia del sueño americano en la cultura popular se ha contagiado al venezolano, lo vemos en aquellos que cruzan la selva del Darién y siguen subiendo el continente a pie con miras a la selva de concreto. No hay otro destino más anhelado.
Concrete jungle where dreams are made of
There's nothing you can't do
Now you're in New York
These streets will make you feel brand new
Big lights will inspire you
El famoso coro de Alicia Keys en Empire State of Mind (2009) alimenta la ilusión de vivir en aquella gran ciudad con una promesa que, a pesar de que para algunos se ha vuelto real, no deja de ser quimérica. Desde el norte del sur hemos visto maravillados a Nueva York como la metrópolis de las metrópolis, el sinónimo del primer mundo que en Caracas hay quien pretende calcar... y en ese calco se han deformado muchas líneas. Nos conseguimos hoy a una ciudad enviciada, caótica, desvirtuada y, respecto a la cúspide de su pasado, perdida.
Uno de los últimos signos de su pérdida en carácter urbano ha sido la trivial implementación de la tecnología de pantallas LED, colocadas a veces en los puntos de circulación menos adecuados y haciendo el paripé de que existe un progreso, pero siendo, en realidad, un artificio más. Conversé con Cheo Carvajal, director de la Asociación Civil Ciudad Laboratorio, quien considera que «el principal problema es que están ubicadas en vías de alto tráfico vehicular, funcionando como una gran distracción, como un celular gigante que atrapa la mirada de todos y es un riesgo vial».
Vas manejando por Altamira y tu atención se ve captada por una desproporcionada pantalla LED estrambótica con la sonrisa del alcalde de Chacao, Gustavo Duque, afianzando su personalismo político y usando su poder público como marca personal —no muy distinto del oficialismo—. En paralelo, la tala de árboles centenarios es aprobada por las alcaldías y el Ministerio de Ecosocialismo, situación que lleva ocurriendo varios años.
Una cuenta de noticias satíricas llamada El Fake Post ya había anticipado el hecho en mayo con su titular: «Alcaldía de Chacao sustituye árboles talados por pantallas LED que muestran árboles en 4K». No habían transcurrido dos semanas cuando Duque ya estaba anunciando aquella pantalla que, en medio de la Avenida Luis Roche, obstruía la vista al Ávila, la emblemática montaña que arropa al valle en el que se asienta la capital. «La realidad supera la ficción», comentó un internauta (1).
Gustavo Duque grabó un video presentando la pantalla LED. El metraje se viralizó y causó repudio en la mayoría de los usuarios de redes sociales. «Estará permanentemente dando información de interés e información de gestión», decía contento (2). Pocos días después se viralizó otro video en el que las luces de aquella pantalla impactaban de noche la fachada de un edificio cercano mientras la «información de interés y de gestión» que mostraba era la promoción de un concierto del artista de trap puertorriqueño Eladio Carrión, todo en una inusual pero resplandeciente experiencia destellante para los vecinos que a esas horas sólo querrían conciliar el sueño (3).
«Se imponen pretendiendo ser más importantes que el paisaje y añaden una luminosidad que dentro de hogares cercanos, con seguridad, es un impedimento para el descanso», explicó Carvajal. En principio Duque, casi en un vano intento de evadir la crítica, alegó que aquella pantalla no había tenido costo para el municipio, que había sido producto de «alianzas público-privadas» luego de que varias personas —no sabemos quiénes— se le acercaran manifestando su deseo de construirla. Lo sospechoso invita a que se susciten conjeturas: el clientelismo político es la más probable, pero no deja de ser especulación.
A pesar de la crítica, Duque decidió continuar su tendencia e implementar semáforos nuevos con un diseño que aparenta modernidad y que imitan otros que hace unos meses fueron puestos en la Avenida Principal de Las Mercedes por el alcalde del municipio Baruta, Darwin González. Asimismo, zonas como la Autopista Francisco Fajardo, el Distribuidor Altamira, Las Mercedes, la Avenida Urdaneta y la Autopista Caracas-La Guaira, no se salvan de ser víctimas de esta nueva renovación digital urbana. El diario TalCual contabilizó hasta 15 pantallas LED luego de un recorrido por la ciudad. Las pantallas se han ido instalando entre el año pasado y este año y podemos prever que irán en auge.
Cabe preguntarse: ¿por qué de pronto tantas pantallas? ¿Cuál es el propósito que hay detrás? Lo que suelen mostrar es, ante todo, propaganda: desde Gustavo Duque y la información personalista de su gestión municipal hasta el mismo gobierno central con la promoción de la actividad de los ministerios y de la marca país de Venezuela.
Se exalta la sonrisa del pueblo y la bonanza de la nación. En el fondo estas pantallas también dicen «happiness», como queriendo mostrar que ya ha sucedido el tan anhelado cambio, materializado en carteles luminosos que reproducen videos que atienden a una narrativa unilateral, pretendiendo ser la imagen digital de una ciudad cuya actualidad está siendo contada por un tercero, artífice y habitante de la ya renombrada «burbuja» que ha ido acentuando el aumento de la desigualdad.

La masa desatenta
Nadie está exento de la exposición constante a estímulos visuales. En la presente era reina la primacía de la imagen —apelando a la idea de Giovanni Sartori en su libro Homo videns: la sociedad teledirigida (1997)—, pero de la imagen constantemente cambiante. La pausa es una rareza que hace falta reconquistar. Relacionemos entonces la aceleración del ritmo en que se nos presentan las cosas y en que vivimos la experiencia humana con la manipulación artificiosa de la atención a través de novedades presentadas como progreso.
Vivir es atender es el título de un artículo del filósofo español José Carlos Ruiz, que abre con una cita de Henri Bergson escrita en una carta a William James en 1903: «Cuanto más reflexiono sobre la cuestión, estoy cada vez más convencido que la vida es, de comienzo a fin, un fenómeno de atención». (4)
Si el presente gobierno de Venezuela se ha mantenido es —entre otras cosas— porque ha logrado, con sumo éxito, dilatar la atención del pueblo a su antojo. La atención, explica Ruiz, pretende ser la capacidad de extenderse prolongadamente hacia un algo, y ese extenderse genera una tensión que se edifica en torno a una resistencia hacia las demás cosas que no estamos atendiendo. De modo que el atender es un modo de resistir y, por eso, cada nuevo artificio del Estado para distraer a la población es simplemente una herramienta para anular la resistencia como capacidad potencial del pueblo.
William James lo explicaba con otras palabras en sus Principios de psicología:
Todos sabemos lo que es la atención. Es que la mente tome posesión, en forma clara y vívida, de uno entre los que parecen ser varios objetos simultáneamente posibles, o trenes de pensamiento. De su esencia son la circunscripción, la concentración de la conciencia. Entraña hacer a un lado ciertas cosas para ocuparse con más efectividad en otras, y es una condición que tiene una oposición verdadera en el estado confuso, ofuscado y atolondrado que en francés recibe el nombre de distraction y en alemán Zerstreutheit. (1890, p. 321).
James criticaba que para varios filósofos —menciona a Locke, Hume, Hartley, los Mill y Spencer— se considera que la experiencia se da, sin más, por la presencia ante los sentidos de un orden externo en particular. Escribe así: «Ante mis sentidos hay millones de porciones del orden externo que nunca entran propiamente hablando en mi experiencia. ¿Por qué? Porque no me interesan. Sólo aquellas cosas a las que presto atención dan forma a mi mente» (p. 320). Para él sin el interés que precede al ejercicio de la atención «la conciencia de cada cual sería una revoltura caótica y gris, imposible de concebir» (p. 320). Infiero que fue a partir de la influencia de estas ideas de James que Bergson se convenció, como le escribió en su momento, de la importancia del atender en el vivir.
También se debe tomar en cuenta un grado de pureza del interés. Hay muchas cosas que no nos interesan per se, sino que a alguien más le interesa que nos interesen, y esa reorientación de la atención, ahora manipulada por un tercero, es lo que la degrada en distracción, manipulando por consiguiente nuestra propia experiencia de vida, realidad que a veces pasa inadvertida. De ahí que hoy en día se hable de una crisis de la atención, sobre todo en cuanto es distorsionada por las redes sociales y los dispositivos digitales.
La efectividad con que en la actualidad se aminora la voluntad de atender es bien entendida por el Estado autoritario que, tomando eso de ejemplo, se dispone a crear lo que aquí llamaremos artificios de desatención, que son como cortinas de humo, pero no para desviar la atención de un hecho específico ocurrido en un momento particular, sino haciéndolo de forma ilimitada e intemporal para imponer un ritmo de vida anómalo y anular la capacidad de resistir. «Su interés es hacer parecer que todo está bien, forman parte de un ecosistema que opera a favor de intereses muy particulares. Son una distracción social y una gran operación de comunicación política», consideró Cheo Carvajal sobre las pantallas LED en la vía pública caraqueña, uno de los artificios a los que nos estamos refiriendo.
Otro factor que impide la resistencia es el miedo, pero la lógica de acompañar el miedo con múltiples artificios de desatención es crear distracciones que tornen a la civilización en una masa en constante movimiento por la inercia de los cambios veloces y cortoplacistas demandados entre: los artificios de desatención diseñados por el Estado, la primacía de la imagen que caracteriza a la contemporaneidad y la improvisación diaria para cubrir necesidades básicas no garantizadas. Esto hace del miedo algo que, teniéndolo, tampoco tenemos tiempo de tenerlo, poniéndolo en segundo plano porque la vida debe continuar. Entonces lo anormal se normaliza, en el extranjero se dejan de escuchar noticias sobre el país y surge de pronto la consigna de que las cosas han mejorado, cuando ha llegado un punto en que estamos, paradójicamente, determinados por el azar y ordenados por el caos. Es ese oxímoron la nueva servidumbre de la cual muchos no se han dado cuenta. Podríamos decir que es un (des)orden establecido, que mucha gente entiende, erróneamente, como anarquía, pero no es así, pues el caos es voluntad del Estado.
El hombre-masa venezolano ahora vive una deshumanización más desoladora que lo torna incapaz de hacerle frente al sistema que se sirve de él, precisamente porque no está consciente de los múltiples modos en que el sistema se sirve de él, pues atiende a lo que la gran maquinaria estatal, directa o indirectamente, se esfuerza por ponerle en frente. De nuevo se traduce en una incapacidad de resistirse y, por ello, en una limitante de la libertad. Sólo el que tenga las herramientas para hacerlo puede revelarse ante aquel ritmo de vida anómalo, hace falta esa concentración de la conciencia que mencionaba James. Pero también hay mucha gente que no tiene las herramientas para reconquistar su atención, lo que me recuerda a la famosa cita atribuida al argentino Facundo Cabral: «podemos hablar de metafísica porque ya hemos comido». De algún modo, repensar la importancia de la atención en un país tan pobre como Venezuela es un privilegio, y, aún así, hay mucho privilegiado muy distraído.
Todo lo que comprenden los artificios de desatención es equiparable a lo que Byung-Chul Han definió como «la sociedad de la transparencia» en su libro homónimo al término. El ritmo acelerado, el imperativo de felicidad, el control de la información, la homogeneización de un todo que no consiente singularidades. Lo resume así:
La transparencia es una coacción sistémica que se apodera de todos los sucesos sociales y los somete a un profundo cambio. El sistema social somete hoy todos sus procesos a una coacción de transparencia para hacerlos operacionales y acelerarlos. La presión de la aceleración va de la mano del desmontaje de la negatividad. La comunicación alcanza su máxima velocidad allí donde lo igual responde a lo igual, cuando tiene lugar una reacción en cadena de lo igual (…) La transparencia estabiliza y acelera el sistema por el hecho de que elimina lo otro o lo extraño. Esta coacción sistémica convierte a la sociedad de la transparencia en una sociedad uniformada. En eso consiste su rasgo totalitario. (2013)
¿Qué podemos considerar lo igual aquí? Ese afán de optimismo estatal que se presenta sin importar que venga de una autoridad pública que esté alineada al oficialismo o no, porque, aunque no lo esté, no hay voluntad de cambiar y desafiar el statu quo. Es ese «happiness» sin sentido que representa una transparencia forzosa. Escribe Han al respecto:
La transparencia forzosa estabiliza muy efectivamente el sistema dado. La transparencia en sí es positiva. No mora en ella aquella negatividad que pudiera cuestionar de manera radical el sistema económico-político que está dado (…) Sólo es por entero transparente el espacio despolitizado. (2013).
El auge tecnológico para manipular la percepción de progreso y exigir positividad en una sociedad que tiene pocas razones para mirar el presente con optimismo parece el devenir de una Caracas más distópica de lo que ya lo es, así como la muestra última de que el socialismo que vende el gobierno esconde, en lo hondo, una versión clientelar mucho más infame de las distorsiones que mucha gente, como Steve Cutts, denuncian que crea la hegemonía capitalista y la sociedad de consumo. Llegará entonces el día en que la Plaza Alfredo Sadel se convierta en una vulgar imitación de Times Square y muchos venezolanos, orgullosos de las brillantes pantallas y los nuevos y modernos edificios erigidos por capital de dudosa procedencia, compartirán eso para que el resto del mundo presencie el supuesto avance mientras el agua no llega a sus casas y se siguen talando árboles para dar espacio a más artificios de desatención, como canchas de pádel, por poner otro ejemplo reciente. (5)(6).
NOTAS
(4): José Carlos Ruiz no menciona la fuente de la cita, pero la rastreé hasta una carta de Bergson a James fechada del 6 de enero de 1903, que sólo conseguí en francés. «Plus je réfléchis sur la question, plus je suis convaincu que la vie est, d'un bout a l'autre, un phénoméne d'attention».
(5): En referencia al Proyecto Club Deportivo Padel La Alameda que, impulsado por Darwin González, contaba con un plan para deforestar el bosque urbano de la zona.
(6): Cabe mencionar que este artículo es una reescritura de un reportaje que hice con mi compañera Oriana Ponte, a quien le debo parte del crédito.
REFERENCIAS
Bergson, H., Perry, R. B., James, W., & Gillet, L. (1933). WILLIAM JAMES ET M. HENRI BERGSON: LETTRES (1902-1910). Revue Des Deux Mondes (1829-1971), 17(4), 783–823. http://www.jstor.org/stable/44847911
Graterol, M. (13 de junio de 2023). ¿Cuál es el impacto de la instalación de pantallas en vías de Caracas? TalCual. https://talcualdigital.com/cual-es-el-impacto-de-la-instalacion-de-pantallas-en-vias-de-caracas/
Han, B. (2013). La sociedad de la transparencia. [Lectulandia. eBook]. Recuperado de: https://ww3.lectulandia.com/book/la-sociedad-la-transparencia/
James, W. (1890). Principios de psicología. Fondo de Cultura Económica.
JAY-Z. (2009). Empire State of Mind ft. Alicia Keys [Canción]. En The Blueprint 3. Roc Nation.
Ruiz, J.C. (22 de junio de 2023). Vivir es atender. Ethic. https://ethic.es/2023/06/vivir-es-atender/
Sartori, G. (1997). Homo videns: la sociedad teledirigida. Punto de lectura.
Steve Cutts. (24 de noviembre de 2017). Happiness [Video de YouTube]. https://www.youtube.com/watch?v=e9dZQelULDk&t=161s

Juan Ernesto Bonadies
Estudiante de Comunicación Social de la Universidad Monteávila.
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